BABOSADAS MIAS Y DEMAS HIERBAS

LA CHACHI, ALOCADA PERIODISTA MUY CHAPINA

17 noviembre 2014

BUENAS NOCHES CUEVA MIA

OTRO DE TIO CONEJO

Me acuerdo aún de las ruedas que le hacíamos a mi papi, cuando en las reuniones familiares, todos los niños nos sentábamos a su alrededor para escuchar sus cuentos de Tió Conejo y Tió Coyote. Unas historias muy divertidas, pero la mejor parte de ellas, es la forma que  mi padre las cuenta y ahora, pasado el tiempo, son sus nietos los que aún entre los juegos tecnológicos y su indiferencia juvenil, no pueden resistir la tentación de acomodarse y escuchar atentamente los cuentos que mi progenitor oyó de sus hermanos mayores, padres y abuelos, y que siempre ha narrado con gran detalle.

Después de LA TRAMPA DE TIÓ COYOTE este es uno de mis favoritos:

Tiá Culebra, al igual que el Coyote, siempre le llevó ganas a Tió Conejo. Tenía unas ganas de comerse al saltarín...que no creían en nada, pero no encontraba la forma de tenderle una trampa para podérselo engullir. Y tenía que ser así, a base de trampas, porque el Conejo era demasiado astuto para todos.

Un día de tantos, después de controlarlo de lejos y por varios días, desde la mañana hasta la noche, Tiá Culebra vio que éste vivía en un agujero debajo de la tierra. Así que se le ocurrió una sencilla pero gran idea. Vio que el Conejo salía por las mañanas de su madriguera y no regresaba hasta el anochecer. Decidió entonces, esperar que saliera de la cueva, le dio un tiempecito para cerciorarse que no iba a regresar pronto...y sin más, la Culebra se arrastró hasta el fondo del agujero.

Ya instalada allá abajo, se enroscó abriendo la boca y así se quedó con el galillo al aire, esperando que el Conejo regresara para que al meterse a la cueva, cayera directamente entre sus mandíbulas y así nisflárselo de un sólo.

Ya le dolía la garganta a Tiá Culebra de pasar tantas horas allí con la bocota abierta, y los ojos pelados, pero temía perder la oportunidad de por fin, engañar al Conejo y disfrutar de un rico platillo.

Ya entrada la noche, Tió Conejo llegó brinco y brinco hasta su agujero. Pero, notó algo extraño en la entrada: estaba lisiiiita la tierra, como si alguien se hubiera arrastrado. ¡Ajá!, pensó, ¡como que tengo visitas inesperadas!

Entonces, se paró frente a la madriguera y con voz gruesa e hinchando el pecho gritó: ¡Buenas Noches Cueva Mía!

La Culebra allá adentro, no dejó de sorprenderse, pero también se alegró al saber que ya venía Tió Conejo. Abrió más la bocota y se quedó quietecita.

Sin embargo allá afuera, el Conejo no se tragaba la broma y dando un brinco al otro lado del agujero volvió a exclamar, ahora más fuerte: ¡BUENAS NOCHES CUEVA MÍA!

Puchis, pensó la Culebra, ¿y con quién hablará Tió Conejo?. ¿A quién saludará?

¡BUENAS NOCHES CUEVA MÍA!, gritó más el conejo, ya con voz de enojado.

Tiá Culebra estaba sumamente intrigada, pues no sabía por qué Tió Conejo saludaba a la cueva. Uy, pensaba, ¿qué será eso?

Entonces Tió Conejo, haciéndose el disgustado, preguntó: Bueno cueva, ¿qué te pasa?. Yo siempre que regreso por las noches, te saludo y tú me contestas. ¿O no eres mía cueva, que no me respondes?.

La Culebra empezó a inquietarse...

Voy a saludarte de nuevo, cueva mía, y si no me contestas asumiré que algo malo pasa. A lo mejor algo me escondes, exclamó Tió Conejo con voz de preocupación.

Mientras tanto, la Culebra empezó a pensar que de seguro la cueva le contestaba a Tió Conejo, pero como ella estaba allí metida, no decía nada. No sabía qué hacer...¡¡No sabía qué hacer!!...

Sudaba y sudaba como tapa de olla.

Por última vez te voy a saludar, gritó Tió Conejo, ¡BUENAS NOCHES CUEVA MÍA!

Estaba llena de nerviosisimo y ansiedad por comérselo de una vez por todas, pero casi no podía hablar porque tenía atorada la mandíbula de tanto estar con la bocota abierta, pero por fin lo logró y haciendo una vocecita delgada, tímida y trémula, Tiá Culebra decidió contestarle más o menos así: "Bu...buenas no..nochis Tió Conejo"...

¡Ajá!, exclamó el Conejo, ¡vieja arrastrada, vos sos la que estás metida allí, verdad!. Nada de "Buenas Noches Cueva Mía", yo no soy pendejo, mejor nos vemos otro día...


Una sencilla histora que sonaría mejor en voz de mi amado padre, que hoy está de cumpleaños. ¡Cómo me gustaría que lo escucharan y lo vieran contando los cuentos! Todo un maestro. ¡Feliz Cumpleaños Papi!


Foto: http://www.parquediversiones.com

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19 julio 2014

NUESTRA RICA Y COSTOSA CULTURA DE LA HARTAZÓN

Una amiga muy querida, quien había tenido una niñez con marcadas limitaciones, un día me comentó muerta de risa que cuando era chiquita, se hizo a sí misma el siguiente compromiso: "Cuando yo sea grande y tenga pisto, lo primero que me voy a comprar  es una ensarta de salchichas y me las voy comer en una fila grandota de franceses".

Suena cómico, pero el trasfondo es simple y comprensible... Y hasta triste.  

Los seres humanos tendemos a desear lo que menos tenemos a nuestro alcance, y a fantasear en que cuando lo consigamos, lo vamos a disfrutar con derroche hasta el hartazgo. Desafortunadamente, en todos los tiempos, el mundo ha sufrido calamidades y escasez, que han golpeado de una u otra forma a todos los países, y en gran medida, a nuestra Latinoamérica. Todavía hay poblados enteros que sufren de desnutrición y carencias de lo indispensable.

Probablemente esa historia de hambre y limitaciones, ha formado una sociedad muy apegada a la comida,  donde estar gordo es sinónimo de progreso y salud.  Por ejemplo, los habitantes de muchas poblaciones guatemaltecas, consideran un halago decirle a una mujer que está bien gordita...(frustrado sale uno de allí).

También a falta de otros recursos, es parte de muchas culturas, el pensar que la mejor demostración de amor a los hijos, la familia y amigos, es alimentándolos. Pero esa  no es  sólo una característica propia de los pueblos hispanos.

Y es que compartir la comida forma parte de todas las culturas humanas y es recurso para la conciliación, la conquista y demostraciones de amor. Jesucristo mismo, al compartir el pan, hizo un pacto de salvación con toda la humanidad.  Y el momento de la cena es el culmen de su misión.

Pero regresando a nuestras sociedades, es bien marcado el hecho que no sabemos distinguir entre alimentación y nutrición, entre comer y hartarnos.

Hablábamos con un gran amigo acerca de lo mal que nos alimentamos en nuestos países latinoamericanos. Las cantidades exageradas de carbohidrato que agregamos a cada tiempo de comida y lo orgullosos que nos sentimos de vivir en un continente que le rinde tributo a la marzorca, al maíz, al elote... o al choclo pues. ¡Qué rico es comer,  verdad! Qué dieta balanceada ni qué pirámide nutricional, aquí lo que vale es la cantidad y no la calidad.

Sí,  y no nos hagamos de la boca chiquita, porque nos gusta comer...y qué fregados.

Pero también, en mi muy humilde y shute opinión creo que el desbalance en la comida no sólamente es nutricional, sino también económico. Creo que de este último se deriva el primero.

Aunque también todavía hay comunidades que padecen hambre. Personalmente,  me he dado cuenta de cómo una familia guatemalteca, hace un caldo con media libra de pollo y lo reparte entre entre 2 adultos y 5 niños. Esas cosas parten el alma...

Qué Mi Familia Progresa ni qué manojo de berros... ¡Zape gato!

Pero en la mayoría de nuestros pueblos, padecemos más de mala alimentación,  que de desnutrición propiamente dicha.  Y nos podemos dar cuenta cuando observamos una gran incidencia de obesidad en pueblos de escasos recursos económicos.  Vemos abordar un bus extraurbano a una mujer con relumbrantes cachetes,  que no sabe cómo llegar atrás, si de lado o atravesada, porque ya el corte le da sólo vueltita y media.   Pero a pesar de su gordura, a lo mejor observamos incontables carencias en su vestimenta, acceso a agua para higiene personal, servicios dentales y ni se diga, educación. Allí hay un gran desbalance en el uso de los recursos.

Por mi trabajo, me ha tocado ir a muchos pueblos en diferentes partes de Latinoamérica  e hispanos en USA y este fenómeno se repite.  Encontramos poblaciones catalogadas como sumamente pobres y vulnerables, donde el culto principal es a la comida.  En las fiestas y reuniones, la comida es el elemento primordial y no se sirve en medidas normales, sino en grandes cantidades.  Cuanto más comida, mejor estuvo todo.

Pero eso no se queda allí.  El comer grandes porciones es la meta. Es increíble ver cómo una persona puede comerse hasta 10 tamales grandes en una sóla sentada. O acompañar un plato de exquisito  pepián, con 24 tortillas. Eso, en mi humilde opinión, es una barbaridad.

Me contaron de una familia de clase trabajadora, que contrató a una señorita como ayudante para el trabajo doméstico, más que todo para ayudarle pues venía de una familia numerosa y llena de necesidades de todo tipo. Pero después de un mes de tenerla en casa, vieron que su canasta básica venía para abajo, porque la cantidad de tortillas  que la familia completa consumía en un día, la chica se las comía en un sólo tiempo de comida.

Pensaron que era porque la joven había llegado a esa casa, a encontrar más recursos y cumplir las fantasías de las que hablábamos al principio de mi post, pero no. Descubrieron que en su casa, esa era la forma común de comer para todos. No tenían donde dormir, ni agua potable, ni ropa nueva, pero se comían entre todos alrededor de 10 libras de maíz ¡¡a diario!!

Cuánto podría haber ahorrado aquella humilde familia, si alguien les hubiese enseñado a comer y  a utilizar sus recursos de una forma que les ayudara a progresar.   Aquí también se pudiera utilizar la regla de no regalar el pescado, sino enseñar a pescar.

Hagamos cuentas: Si una familia, siembra y cosecha un quintal de maíz para su consumo mensual, pero en lugar de comerse las 100 libras, vende la mitad y con esa ganancias se abastecen para sufragar otras necesidades. No creo que se mueran de hambre. Y lo que es mejor están utilizando mejor sus recursos.

Eso, creo que es un compromiso que gobiernos, educadores, médicos comunitarios, líderes religios y los comunicadores sociales deberíamos de tomar muy en serio.

Lastimosamente en nuestros pueblos, la costumbres gastronómicas están muy arraigadas, y en muchos lugares la comida es más que sagrada. Meterse con ella y la forma y cantidad que se come, es asunto que hay que tratar con pinzas. El mal uso de los alimentos es un tema serio, en el cual cuesta ahondar.

Por el momento, "Un pueblo con hambre, es un pueblo sin paz".

31 octubre 2013

LÁPIDAS Y EPITAFIOS AL GUSTO DEL CLIENTE

"Nariz de chucho y de periodista, rapidito sigue la pista", ese es un dicho que nos describe muy bien, especialmente a los que tenemos algunos añitos en el arte de buscar historias o situaciones que salen de lo cotidiano.

Lo que pasa es que yo, así esté de vacaciones o sin mucho chance, siempre ando encontrando cosas para hacer algún reportaje. Y a la gente le digo: "cuénteme lo que sea, aunque usted piense que no tiene importancia, tal vez yo le encuentro la vuelta"... (Vueltegato le han dado a muchos colegas por andar metiendo la nariz donde no los llaman, pero eso es otra historia, que recuérdenme después, que se las tengo que contar).

Fíjense que el otro día andábamos paseando por acá donde "a yo vivo" (dijo Chito), o sea Long Island, New York, y me sorpendí cuando vi que en el jardín de unas casas había pequeños cementerios. "!Uy, ya no caben los muertitos!", pensé. Y es que aquí no es raro ver que algunas iglesias estén rodeadas de tumbas y muchas re-viejas, de hasta más de 200 años. Da miediquis. Parece el cementerio de Thriller.

Pero allí al lado de la acera, encontrarse un montón de lápidas y monumentos mortuarios, como que no es muy alegre que digamos. Así que estacionamos el carro y nos fuimos a averiguar qué fregados era eso.
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Bueno, en frente había un gran cementerio, que más parecía estadio esa cosa. Pero en esa misma calle, estaban algunas casas rodeadas de tumbitas, tanto en el jardín de enfrente como en los lados y el patio de atrás. 

Me atreví a acercarme y observé que se trataban de lo que nosotros llamamos "Marmolerías", pero acá exhiben su trabajo en los jardines, algo así como para que el cliente se inspire y se imagine cómo se va a ver en el mero cementrio. !Puchis! 

Entonces,  entré para hablar con alguien que me hiciera favor de contarme bien el cuento de los panteones a domicilio. Me encontré al mero fundador de esa costumbre un tanto tétrica. Me contó que cuando empezó, tenía una pequeña fábrica en su casa y ponía a exhibir su trabajo en el jardín. Luego, las leyes estipularon que no podía tenerse un negocio en casa y por eso, tuvieron mudarse y la empresa seguiría estando en el mismo lugar, donde los clientes acostumbraban ir.

Así que por eso parece que los monumentos y lápidas estan en una casa común y corriente. Algunos otros los han imitado, comprando casas cerca del cementerio para convertirlas en "displays" funerarios.

Bueno, los que no estamos acostumbrados a ver eso, claro que nos sorprende. Imaginen ustedes el jardín de su casa convertido en cementerio (de mentiras, pero lo aparenta). Y da cosa, también, no vaya a ser que deveras esté alguno por allí enterrado, aprovechando el espacio. 

Lo más chistoso es que el dueño ahora tiene una nueva oferta para todos aquellos que en vida, quieran estar seguros de cómo va a lucir su "morada eterna". Así que ha hecho un paquete de "Venga y hágalo usted mismo", o sea que la gente puede pedir cómo quiere el diseño de su futura tumba.
 
Se lo diseñan en computadora. Pero lo mejor es el Epitafio donde la frase común, "Tan bueno que era", ya no sería suficiente. Allí se puede ordenar que vaya inscrito en letras de oro, si se puede, las palabras más hermosas que se deseen, como para ser recordado de la mejor forma. Elogios y hasta mentiras, todo se vale después de pasar al más allá.

Ustedes pueden escribir allí que fueron buenos, dulces, fieles, altruistas, corteses, trabajadores, buenos hijos, excelentes padres, amantes inagotables, pilotos educados y hasta si quieren, que fueron caseros de la Jennifer López o novias de Brad Pit, o astronautas y visitaron Marte. Todo lo que deseen, siempre y cuando se pague por anticipado, claro.

Si quieren lo dejan ordenado para cuando se ofrezca (Que Dios quiera sea dentro de muchísimos años), o por aquello de las desconfianzas, se los esculpen de una vez y lo llevan para su casa. De paso lo pueden poner en el jardín, para darse una idea. Pero eso pienso que ya sería demasiado macabro...
 
Entonces, se me ocurre ahora preguntarles lo siguiente:
Si pudieran escribir ustedes mismos su Epitafio, para dejarlo plasmado en una lápida ¿Cómo les gustaría ser recordados para la enternidad?


UN SALUDO HASTA EL CIELO, A MI AMADA MADRECITA Y A TODOS NUESTROS SERES AMADOS QUE YA SE FUERON...ELLOS SÍ QUE "TAN BUENOS QUE ERAN".






Fotos: Luis Sagal.  Háganle click a la foto, se ve tuanix.

04 octubre 2013

¡YA REGRESÉ MUCHÁ!

"Ya vine de donde andaba, se me concedió volver", dijo don Tono, ahora  sí que la amapolita, se las voy a quedar debiendo muchades, por aquello de las decomisadas y las malas interpretaciones.  Para los que no saben de qué puñetera cosa estoy hablando, es primeramente de la canción ranchera de don Antonio Aguilar que se llama "El Ausente" y que, como decía una doñita, es más vieja que'l ventoso y la ponían en la Radio Mundial hace como mil años. De lo otro que estoy hablando es que andaba yo medio perdidona en las mieles de la vagancia y ya hace tiempo que no escribía nada en estas empolvadas hojas electrónicas de mi viejo, pero bien querido Blog.  Así que que aquí estoy, ya llegué, pa' servirle a usté...¿verdad usté?

La onda es que entre que me ha pegado ese mal de última moda que se llama La Fibromialgia, revuelta con la Artritis Reumatoidea, ya como que se me adelantó la vejez y ando sólo con dolamas por todos lados y a veces, sin ganas de hacer ni máis y con eso, que ningua medicina me hace, pues ya voy "piorsh", dijo el chunto.  

Ah, pero dejemos a un lado las chaquirrias y déjenme contarles que para olvidarme un poco de ellas, nos fuimos con mi Negris a dar una vuelta allá por donde el mundo se parte en dos, aquél uno se abrió y me llevó por fin a conocer ¡los Ecuadores!

Sí, nos fuimos a Ecuador y qué chulada muchá.  Bueno, viviendo acá en New York, con tanto Ñaño* por todos lados, como que lo único que cambia uno es de territorio, porque las comidas y modos de hablar ya se van aprendiendo poco a poco, especialmente si se va a dar una vuelta a la Roosevelt Ave, en Queens. 

Bien, la cosa es que decidí irme a conocer la tierrita del Negrito y de paso ver cómo se siente vivir en el otro hemisferio de la tierra, yo que siempre he estado de este lado y nunca me había ido tan allá, ni cuando fui a ver a los otros negritos, al atravesar el Estrecho de Gibraltar,  en el África.  No llegué hasta abajo, nomás allí a ver algunos turbantes.

Pero ahora sí, patojos, allá en Ecuador sentí los vientos del otro lado del mundo y me convencí de que están bastante parecidos a este lado. Bueno, al menos me desengañé.  

Lo primero que vi fue la hermosa ciudad de Guayaquil...¡Puchis! de repente sentí como que había llegado a Miami, ustedes, no sólo por el calor de la gran puchis que hace, sino porque se ve muy chula la ciudad, muy moderna y llena de luz.  Un poquitío desordenada en el centro no más, pero nada comparado con la Avenida Bolívar de Guatemala, que es un sólo merequetengue con todo y buses con gente colgando.  Eso sí que no vi para nada en Ecuador, ni las jarrillas de camioneta, ni cristianos encaramados, ni guindando.  Muy bonito pero,  ¡cómo hablan los guayacos hombre!

Amanecimos en Guayaquil y pude concoer el centro de la ciudad, así como también el famoso Malecón 2,000, donde caminamos agarraditos de la mano, viendo el Río Guayas y la variedad de atracciones que hay por allí. Con decirles que hasta me encontré una máquina de coser antigua y me puse a buscarle el modo.  Luego supe que era de la Marina Ecuatoriana, porque al lado estaba la gorrita del que la estaba cuidando, pero como que en ese ratito se fue al baño, porque la dejó olvidada y en un descuidito me la puse, de mica, para tomarme la foto que encabeza este post.    Lástima que teníamos poco tiempo, porque estaba haciendo muy bonito clima, especialmente para mis huesitos reumáticos.

Pero, como nuestro destino final era la ciudad de Cuenca, nos tuvimos que apurar y después de almorzar unas empanadas de verde y de morocho, nos fuimos al aeropuerto a tomar el avioncito para encaminarnos a la Atenas del Ecuador.  Y cuando digo avioncito, es literal muchá...púchica, qué miedo me dio cuando vi aquél animalito tan chiquitío al  que nos íbamos a subir.  En mi pu...ra y cosmopilita vida, jamás me había subido en un avioncitío tan chiquito. De juguete parecía...¡Uy no, uy no!, desde que lo vi de afuera, me estaba haciendo ojitos el enanito ése, como haciendo planes de la bendita hamaqueada que nos iba a pegar.

¡Ya me regresaba muchá!, pero como siempre digo !Arriba los valientes!, no tuve otra que hacerle honor al dicho de mi señor padre y me dije "vos Chachi, si no te le has ahuevado a un Aravá, ni a ir colgando las patas de un Bell 206L Ranger para cubrir una nota, mucho menos te le vas a amilanar a este juguetío".  Así que sin pensarlo mucho, entré a ese dizque avión de la TAME, que más parecía ruletero pa' Jocotales, de tan pequeñito.

Arrepentida muchá ¡por la grandiosísima  pu...nta del Pichincha!, qué mal nos trató el engendro de aeroplano ése, que pa'rriba, que pa'bajo...,¡puchis hombre, parecía la Rueda de Chicago, revuelta con El Pulpo y las sillas voladoras!. LA TORRE DEL TERROR que les conté hace tiempo, era una niñería al lado de eso.

Lo que pasa es que no sólo son tan pequeños esos dizque aviones, sino que como van de la costa a la sierra, tienen que elevarse por encima de los Andes para no estrellarse en ninguna cúspide por allí y, de paso, vuelan encima de precipicios y del Parque Nacional Cajas que es una maravilla llena de lagunas y cascadas, pues ya se imaginarán cómo se sentía la jaloneada.  Ya me veía yo cayendo entre las pepescas heladas, heladas.

Al llegar, me pesaba todo ustedes, tanto que me preocupé, pero era sólo el susto.  Lo único que quería era bajarme de esa cosa, y por allí en un reflejito vi que llevaba yo ¡una cara! con todo el pelo parado y los ojos hundidos del tremendo hamaqueón que nos pegó el avión.  Y lo jodido fue, que en la Terminal, había familiares de mi esposo, literalmente tomándonos la película con cámaras en mano. Yo mejor me hice la babosa por allí y escondí la cara de   gallina quish, con la que llegué a la hermosa, muy noble y muy leal ciudad de Cuenca de Santa Ana de los Cuatro Ríos. 

Así de elegante como nuestra Antigua Guatemala, resuena el nombre y el esplendor de esta maravillosa ciudad, que  tendré el honor de mencionar en este humilde y ya desenpolvado Blog, pues merece más que un Post completo de esta sencilla servidora de ustedes.

Mientras tanto, saco de su caja el sombrero de Paja Toquilla, única en el mundo y oriunda de esa tierra, para ponérmelo y luego quitármelo para saludar con el lujo merecido a esa bella ciudad, y así contarles mis andanzas por la Cuenca de mi amado Negrito.




Hasta mi próxima sentadita en la compu...¡Ay no se me olvida aún el susto del avioncito pizarrín, aquél! #$&/&"*+



*Ñaño: modismo ecuatoriano para llamarse entre hermanos y a veces, entre amigos.  En el exterior, se les llama así a todos los ecuatorianos. 

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22 marzo 2013

MI ABUELITA Y EL HONORABLE

En estos días de Cuaresma y acá lejos, siempre me dan ganas de leer un boletincito de los estudiantes, de esos que salen cada viernes allá en Guate y que los venden los encapuchados en las camionetas. Cuando era chiquita, me daban algo de miedo esos enmascarados porque casi siempre, olían algo a guaro, pero después les agarré confianza.

Recuerdo que mi abuelita, que en gloria esté, tenía una cierta debilidad por los Sancarlistas. Siempre se ponía a llorar cuando contaba de los universitarios que mataron en tiempos de Ydígoras, a principios de los años 60.

Venía de una familia muy educada, con muchos miramientos y ella, nos inculcaba buenos modales y el respeto a las personas. También, yo digo que era medio revolucionaria, porque a pesar del tiempo en que le tocó vivir, era una mujer muy enérgica y nunca le gustaron los abusos de parte de nadie y, muchos menos que vinieran de algún hombre hacia una mujer o un niño. La sumisión para ella, era algo que había dejado muy lejos, por tratarse de una injusticia.

Siempre le llamó la atención la Huelga de Dolores, pero nunca hubo alguien que se atreviera a llevarla a ver una en la calle; con eso de que tienen fama de bendecir con miados, andar bolos y sacar a bailar a las chavas, ya imagino a mi abuelita, echándose a la parranda con los patojos a media calle y mandándolos a lavarse las manos.

Pero lo que no perdonaba mi santa viejita, era que le faltaran sus boletines. Eso sí, mi mamá y mis tíos tenían que estárselos llevando cada semana, desde que empezaban a salir. Aún recuerdo que costaban choca y después subieron a 1 quetzalito.

Era llegándole el boletín a las manos y ella llamando a alguno de sus nietos para que se lo leyéramos, porque ya no alcanzaba a ver la letra tan chiquita. Nosotros a veces, nos hacíamos los quites, porque nos daba un poco de vergüenza leer las malas palabras delante de los papás. Pero mi abuelita era buena onda, nos daba permiso y le entrábamos a la lectura de tan culto e ilustrativo documento. Ella siempre fue de menta amplia y limpia.

Después de oír las marchas de Semana Santa, que le fascinaban, mi abuelita se instalaba en un sillón y empezaba a oír toda la ensarta de rimas burlonas y en cada una, se tiraba tremendas carcajadas; a veces, nos pedía que repitiéramos los párrafos, para volverse a reír.

¡Ah, que tuanis! Yo me apuntaba para hacerle de lectora porque podía uno decir un montón de vulgaridades, sin que nadie lo regañara. Yo leía muy seriecita, como a quien le han encomendado una tarea delicada. Y cuando decía las palabrotas y las frases shucas, ni me reía, me hacía la loca y seguía leyendo.

- No se preocupen – decía mi abuelita – ella es chiquita, no sabe lo que quiere decir eso.

¡Ja, no pues, la master! Si oyeran los chistes que yo me echaba, creo que el mismo Honorable me hubiera contratado. Pero eso es parte de la forma de ser del chapín. Desde chiquitos, contamos colorados.

Lo mejor era cuando llevaban el “Nonostientes”, con todo el montón de fotos y dibujos de hombres y mujeres en pelota. Mi mamá se lo daba a escondidas a mi abuelita para que yo no lo viera, pues allí con tanta pornografía, era preocupante para cualquier madre responsable. Recuerdo que una vez, mi abuelita no encontró a alguien mayor para que se lo leyera y me llamó, cuando vi, estaban tachadas las chiches, los panes y los pipiriches. ¡Ah, así ya no tuvo gracia! Pero siempre hice el sacrificio de leerlo. Si pués, cómo no.

Ay mi abuelita, tan linda, tan dulce y tan chistosa. Creo que no hubo quien me amara más que ella. Pero, cuando la recordamos, no nos deja ponernos tristes, porque siempre se nos atraviesa su música, algún chiste y mucha risa. Luego les contaré más de mi querida abuelita, de quien heredé la forma de ser y la casaca.

Al muy leal, carismático, pero no por ser cachureco, pelado, cantineado y siempre bien ponderado Honorable Comité de Huelga de Todos los Dolores, les doy las gracias por tanta charada y a mi abuelita sacar tanta sonora carcajada.

Por allá ha de estar en el cielo, poniendo a leer los boletines a los mártires de los 60’s y bailando la Chalana.
...
Ilustración de la Chabela: www.huelgadedolores.com

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07 febrero 2013

¡AY CHACHI, HAY CHICHA!

Como mis amables amigos y amigas del Facebook pudieron ver,  el otro día, me puse a experimentar cómo fregados hacer chicha con piña y un poco de especias.  Lo que salió fue mero bueno, con saborcito picante algo a guaro, que mi señor esposo se pasó muy alegre, diciendo como siempre, que alguna otra cosa le faltó, pero se lo acabó todito de todos modos...

No crean que se me ocurrió hacerlo porque tenía ganas de chupar. Nel, es que tenía allí una mi piñita  madura y me recordé de una vez, cuando era chiquita y una muchacha que nos ayudaba en la casa en las labores domésticas, hizo un delicioso brebaje que a mis 12 años de edad,  le cayeron de perlas.

Esta folcrórica señorita, era oriunda de una aldea xinca, situada en una de las tantas montañas de Jutiapa. Su nombre era bastante peculiar, nada olvidable y tal vez, propio de una estrella de rock italiana.  Se llamaba Estéfana.   Aunque muchos aseguraban que su nombre se escribía y pronunciaba sin el fuerte acento en la segunda "E", todos en casa, la llamábamos como ella realmente decía.

Pues bien, la famosa Estéfana quien tenía unos 18 años, era medio juguetona y casi siempre,  le "agarraba" la gana de jugar a la mera hora que mi mamá tenía que salir a trabajar y la empezaba a buscar para darle el dinero del almuerzo; la muchacha se escondía debajo de la mesa, aguantando la risa, cuando mi pobre madre más necesitaba salir corriendo para no llegar tarde a trabajar.   Con su paciencia de santa, mi madrecita mejor se carcajeaba y le pedía por favor que no hiciera eso, aunque nos hacía una mirada de desconcierto, pues ni ella ni mis hermanos, supimos nunca por qué la Estéfana se ponía a jugar a esas horas.

Como se acostumbraba antes, las señoritas del servicio doméstico, también le hacían de niñeras y por ello, era la única que me esperaba contenta cuando yo bajaba del bus del colegio.  Así juntas pasábamos la tarde, viendo novelas y caricaturas en la tele, o acompañándola en la cocina mientras preparaba la cena y yo, hacía mis deberes.   

Me encantaba oirla cómo hablaba y las "de vaqueros" que se echaba mientras preparaba la comida.  Eran historias medio verdaderas de la gente de su aldea y aledaños, que casi siempre se trataba de fiestas que  terminaban en pleitos a tentutazo limpio o lo que es peor, a machetazos. Claro, ella les ponía su toque especial, con su manera tan peculiar de hablar. 

En varias ocasiones, yo le decía que tenía que aprender a hacer algo nuevo, tal vez a lo mejor, estudiar un curso y siempre se mostraba muy interesada cuando yo me ponía a enseñarle de lo que yo aprendía en el colegio.  

En una ocasión, me pidió que le cortara el pelo.  Yo lo hice encantada y le quedó más largo de adelante que de atrás.  Pero a ella le gustó el nuevo estilo.  Creo que pensaba que como mi mamá era estilista, yo también. Bueno, al menos yo me pasaba bastante entretenida, haciéndole peinados y poniéndole cintas al estilo Madonna.  Tanto le gustaban mis estilos, que los domingos salía a pasear peinada en las formas que yo le enseñaba. ¡Já, que ni la Cyndi Lauper!. Qué bueno que nunca me pidió que le pintara el pelo...

Recuerdo que era muy recursiva y una vez hizo pan de Marquesote, pero le salió bien duro.  Sólo ella  terminó comiéndoselo, porque no estaba tan bueno...y también porque después nos comentó que, como le había salido mucha masa, no le alcanzaron las cazuelejas de mi mamá y lavó bien unas que encontró en el cuarto de chunches (el detalle fue que alguna vez, se usaron para darle agua a los chuchos). Pero ella no sabía,  ¿verdad?.

La más memorable de sus travesuras ocurrió una vez, regresando yo del colegio.  La vi muy misteriosa sacando unos frascos del gabinete de la cocina.  Cuando le pregunté qué estaba haciendo allí acurrucada, se asustó un cachito y con una sonrisa pícara, me dijo casi en secreto: "Es que aquí tengo un mi gato". ¡Puchis, dije y a qué hora metió un gato la Estéfana allí!.  Pero no se trataba de un "lindo gatito", sino de un compuesto de frutas que ¡olía tan bien!. 

Rapidito me preguntó que si lo quería probar, a lo que yo le contesté con la misma velocidad que sí.  Entonces agarró un colador y vertió un poquito de la pócima en un vaso. ¡Ay Señor, qué cosa tan rica!. Le pedí que me diera un buen vaso de los más grandotes.  Ella titubeó un poco, pero creo que le agradaba que yo le estuviera dando el visto bueno a su nueva ocurrencia espirituosa.  Me comentó que ya hasta se había olvidado que lo tenía allí escondido. 

Así que yo  terminé la tarde, tomándome casi un litro de la olorosa bebida que hasta ajonjolí tenía.  Recuerdo que después de comer, tuve que ir a la librería a comprar unas hojas, pero iba por la acera caminando como si fuera en las nubes, ¿la verdad, la verdad?, ya no muy me acuerdo.

La cosa es que después regresé y ya no hice los deberes, porque me sentía bien mareda,  y la "bolencia" me tumbó en la cama panza abajo. Sólo sentía que la casa daba vueltas, pero dentro de mí estaba muy contenta...ji ji ji. ¡Ajúa!

La borrachera me tardó bastante. Vaya si no, si según supe, la chicha tenía mucho tiempo de fermentación y tenía un buen grado de alcohol.

Cuando llegó mi mamá del trabajo y me encontró acostada, boquiando y todavía hablando babosadas, se asustó y, aún más, cuando sintió que yo tenía una tremenda estocada a guaro.  Mi mamita, por poco se vuelve loca y lo primero que hizo, fue preguntarme qué había tomado.  Inocentemente, le dije que sólo había tomado de un "fresquito" que Estéfana me había dado, algo que ella llamaba "Gato".

Mi madre procedió a interrogar a la muchacha, quien también un tanto inocentona, le contó que se le había ocurrido hacer un poco de un "preparito" que hacían en su tierra, del cual me había dado, porque yo misma le insistí en que me diera bastante ya que me había gustado mucho.

Esa vez sí que mi mamita no se rió para nada.  Pero, como tantas veces y con su gran corazón, perdonó la travesura de la Estéfana y, claro, nos regañó a las dos. A una, por estar haciendo guaro y a mí,  adviertiéndome de no volver a tomarme cualquier cosa, sólo porque oliera rico. Así estuviera en la casa y hecho de frutas. 

Nunca me imaginé que se tratara de licor, porque estaba acostumbrada a verlo en botellas especiales y con marca.  El hecho que estuviera hecho con piña, jocotes, ajonjolí, nances y no sé qué más, me dio la confianza de echarme mi buen poco de chicha. Y seguir tomando hasta que se acabara.

¡Cómo no me morí!, porque dicen que el hígado de los niños no puede metabilizar el alcohol y puede ser fatal.  Gracias a Dios, todo quedó en anécdota.

Pasado el tiempo, recuerdo que la traviesa Estéfana le pidió a mi mamá que le enseñara a poner inyecciones, pero ¡no se asusten!, nunca me puso ninguna.  Sólo practicaba con una naranja.  

Un par de años después, regresó de nuevo a vivir a su aldea y creo que sacó un cursito de enfermera auxiliar (espero que así haya sido), porque me contaron que colocó este rótulo en su casa:  "SE PONEN INDECCIONES Y SUEROS".

¡Tal vez, también le hubiese ido muy bien vendiendo el famoso Gato!...¡Ay, Estéfana!


    




  














Mi saludo, respeto y admiración, a todas esas señoritas que  muchas veces, bastante jovencitas, la vida las empuja a aventurarse dentro del mundo desconocido de la ciudad, a trabajar y vivir en casas de gente ajena a su familia y costumbres, pero aún así, salen adelante y triunfan.  También a aquellas que no la han pasado muy bien y sufren el desprecio, el irrespeto, la explotación y la soledad.  ¡Arriba la mujer trabajadora!



Foto de Chicha: orgullodeserlatino.webs.com
Foto de joven Xinca: www.mayatikal.co 

06 enero 2013

FELIZ DIA DE LOS REYES MAGOS


Este día me recuerda mi niñez y principalmente las fiestas que mis padres organizaban para llevar alegría, dulces y regalos a muchos niños de escasos recursos en el interior de Guatemala. Esos ejemplos se le quedan a uno grabados en el alma. Nos eneseñaron a sentir La felicidad tan grande de dar. Esa alegría que llena el corazón cuando otro niño recibe algo de nuestras manos.

Hoy no hago un post largo, porque creo que resumí mi sentir en las líneas del párrafo anterior.  ¡¡Feliz Día de los Sabios de Oriente!!

24 diciembre 2012

LA NAVIDAD DE LOS PATOJITOS

Foto: Telecinco.es

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Cuando llega Diciembre, la vida pareciera que echara marcha atrás, para traernos todos esos recuerdos de cuando éramos chiquitos,  o situaciones especiales que se nos quedaron en el corazón. Cosas alegres y otras tristes, que al son de las cancioncitas de la época, nos remontan a tiempos pasados, que a lo mejor quisiéramos revivir.

Recuerdo que de patoja (niña), allá en mi pedacito de tierra, en ciudad de Guatemala, cuando llegaba Diciembre las cosas como que cambiaban de color y hasta de olor.  En el mercado comunal, empezaban a situar las ventecitas de aserrín de colores, muñequitos de barro, collares de manzanillas y bultos de pino, que anunciaban ya la llegada de la Navidad, pero antes de ella, había y hay todavía, toda una antesala de celebraciones.

La cohetería empezaba el 7 de diciembre con la tradicional QUEMA DEL DIABLO,  cuando los patojos (niños) nos encargábamos de recolectar ramas secas y paja, para hacer una fogata a las 6:00 PM, esperando que “el cachudo”, se fuera muy lejos y así, limpiar la ciudad de toda maldad y dar paso a las fiestas decembrinas.  Los chiquitos, a veces ni le atinábamos de qué se trataba la onda esa, pero la diversión de quemar cohetillos y canchinflines, no nos la perdíamos. Un jueguito mero peligroso, pero que nos dejaban jugar…

Al próximo día, nadie se podía perder de la comilona de torrejas, molletes y buñuelos en la fiesta de la INMACULADA CONCEPCIÓN, donde, aunque algo aburridos, le entrábamos a la rezadera para luego degustar de tan anhelados platillos.

Una semana después,  pocos nos escapábamos de la pintarrajeada de cara y de portar orgullosos de un hermoso traje típico, para irnos al santuario a visitar a “la morenita”, el día de la VIRGEN DE GUADALUPE.  A la misma que mi madre, ya estando yo grandota, fue a la Basílica a encomendarme, cuando me quedé solita trabajando en México…Ay tantos recuerdos con mi madrecita, que ya no está conmigo, pero está al lado de la Virgencita en gran platicadera, eso sí.

Sólo unos días después de las fiestas guadalupanas,  empezaban las alegres POSADAS, que al sonido de las caparazones de tortuga, llenaban las ciudades de esperanza, entre candiles de colores. Y como siempre el “patojal” le entrábamos a los exquisitos chuchitos (tamalitos) y al delicioso ponche de frutas chapín, que siempre caía en las casas a donde llegaba la posadita.

A esas alturas del mes, muchos habíamos hecho ya el arbolito de navidad donde podíamos ver una gama de diseños, como chiriviscos plateados, arbolitos formados con gusanos hecho de pino, pinabetes hechizos con ramas y hasta árboles de chiles pimientos, adornados con los acostumbrados brichos y lucecitas. El NACIMIENTO era primordial, con aserrines de colores formando pueblecitos imaginarios, arenita para los caminos y espejitos para simular lagunas.  Y si no había pisto para tanto, pues con tener el pesebre listo era suficiente.

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Foto: Felix Pacas

LA NAVIDAD venía y la estábamos esperando con gran alegría, ropita para estrenar, con las casas adornadas y olorosas a pino, manzanilla, ponche y hojas de maxán cocidas. Los regalos eran lo de menos, con que hubiera tamales para dar y recibir, era lo mejor para tener una feliz navidad.  Y cuando llegaban las 12:00 y el Niñito Dios ya acostadito en el pesebre, los buenos deseos colmaban la noche más hermosa del año, que entre la cohetería de la media noche la familia, los amigos y los vecinos llenaban las calles abrazándonos como hermanos que crecen juntos.

La algarabía de la Navidad duraba toda una semana, porque los patojos sabíamos que en la víspera del AÑO NUEVO, podíamos volver a vivir la alegría navideña y entonces, sentábamos al Niño Dios y le dábamos las gracias por la vida y por un año más para recibir.

Dirán que hoy la Chachi se puso melancólica, pero quién no lo hace al recordar su tierra, su gente, su niñez, su familia, su papá, su mamá…

Sé que muchas de estas bellas costumbres decembrinas aún se disfrutan en algunos de nuestros países latinoamericanos, unas de ellas tal vez ya ni siquiera se recuerden, pero estén todavía o no, siempre les faltará algo:  Faltaremos nosotros, los niños y niñas de aquel tiempo,  los que nos fuimos de la tierra hermosa que nos vio nacer y crecer…ya no estaremos los patojos dando vueltas a una estrellita y viendo subir al cielo, volcancitos de colores.

Feliz Navidad mi gente linda, que Jesusito sea siempre el motivo de nuestra alegría. 

02 diciembre 2012

SÓLO UNA PATADA MÁS

Desde chiquita me ha gustado eso de las patadas y manadas, a lo mejor porque mi hermano mayor me agarraba de su "saco de entrenamiento" para practicar Karate y Taekwondo, lo fregado era que con el tiempo, me aprendía rapidito las llaves y cuando sentía, ya lo tenía yo agarrado casi que con la llave china.

Pobrecito mi carnal, porque sólamente me enseñaba las llaves bien suavecito, sin golpearme ni nada y cuando yo me las aprendía se las aplicaba con toda la fe. Y ya hechos nudo, mi mamá tenía que irnos a desatar, claro que al que le caía era a mi hermano, por ser el mayor y por estarme enseñando a pelear.  Pero él me decía que tenía que aprender a defenderme y tenía razón.

Tanto me gustaban las artes marciales, que mi papá me compró un  Karate gi para andar de "mica", con eso mi papi también me enseñaba una que otra Kata, pero mi mamá siempre estuvo en desacuerdo pues a su parecer, el Karate no era para las niñasLo peor era que, por ello, yo no le tenía miedo a nada ni nadie y andaba repartiendo Zukis y Geris a quien se medio pasara de listo conmigo, o me quisiera pegar.   Aunque peleonera no era, sólo me defendía, pero  como siempre fui robustita y hasta algo "mamada", me tenían miedito y pronto llegaron las quejas del colegio, entonces mi carrera de karateka aficionada, se  truncó bastante rápido. (Lástima porque se me quedaron por allí algunos sin penquear...jajaja).

Pasados los años, siempre me atrajo la onda esa de las katas, aun cuando  nunca me llamaba la atención el combate y tal vez por eso, ya no me atreví a entrarle en serio a la karateada.  Luego con la Universidad y después con el trabajo en TV, me distraje del todo y ya no me acordé de las artes marciales, pero siempre me encantaban  las películas de los Lee y esas licas chinas llenas de mates donde volaban los del kung fu. Me encantó la saga del Karate Kid, especialmente por la filosofía. Y siempre, al verlas,  volvía a mis años de infancia, cuando aprendía las llaves con mi hermano, las katas con mi papá y las practicaba de lleno, con mis compañeros del colegio.

Ahora de vieja (¡¡sos!!), bueno, digamos que ya tocando los cuarenta, convencida de que tenía que encontrar una forma de ejercitarme para los males propios de la edad (shi puesh, patojo) tenía que hacer algo que me gustara más que los aeróbicos y donde no dependiera del tiempo de mi esposo para ir a jugar por ejemplo, Tenis.  Así que por fin me atreví y ante la incredulidad de mi marido, me fui a inscribir al primer Dojan de Tae Kwon Do que encontré cerca de mi casa.   Allí estuve un mes y cuando vi que eso era mi mero arroz, me armé de valor y me fui a inscribir a la otra escuela cercana, pero esta para mi fortuna es la mejor de New York y alrededores, con una de las autoridades más altas a nivel mundial  en ese arte marcial, que fue entrenador de los equipos olímpicos de Korea y USA, el Grand Master Y.H. Park. Púchica, chichuda me sentía cuando supe todo eso y me dije "no todos tienen esta oportunidad, yo la debo aprovechar". 

Así que inicié mi camino por ese increíble arte, de la mano de los mejores...y como dijo aquella que invitaron a bailar "¡Ah chish! ¿y por qué no?", acepté el reto donde no vale el nombre, ni los títulos, sino el deseo de aprender, la entereza y sobre todo, la disciplina.  Esto último lo aprendí de mi padre desde niña y creo que no me ha costado mucho.

Pero como siempre a la Chachi le tiene que pasar algo, verdad, y más que sucederme cosas chistosas que no faltan en mi record, ahora sí que me pasé de la raya.  Ya meses antes de empezar con esta nueva y fascinante experiencia, sentía muchos dolores en todo el cuerpo, mareos y otros síntomas, que en seguida atribuimos a mi sobre-peso y  necesidad de ejercicio, por lo que empezar con una disciplina milenaria,  consideramos todos,  que fue una idea genial para terminar con los dolores.

Sin embargo, los dolores fueron de mal en peor cada día, al principío creímos que era por empezar a hacer ejercicio, pero no, pasó el tiempo y el dolor no se iba.  Yo seguía adelante, tanto con mi trabajo, como con mi Tae Kwon Do, aún cuando sentía que los huesos se me quedaban trabados por ratitos, no le hacía caso.  Y ese dolor y rigidez matutino, día con día empeoraba.

Empecé entonces con un cansancio extremo que no me permitía rendir en ninguna actividad, como yo quería y debía, no obstante, el TKD me animaba y me hacía sentir, al menos por un rato, que podía seguir adelante.

Luego de meses y meses de exámenes,  mis médicos llegaron al diagnóstico, primero de Fibromialgia, por lo que se consideró excelente que siguiera con mis ejercicios marciales, para tener una vida más flojita.  Pero el hecho de que ya desde mucho antes estaba haciendo el TKD y no había reportado mejoría, decidieron hacerme otros exámenes más exhaustivos y un par de meses después, descubrieron que tengo también Artritis reumatoidea, o sea que, si la primera no abarcaba todos los puntos del cuerpo, con esta otra, el dolor se volvía completamente generalizado.  ¡Ala diabla! y para terminarla de amolar, ahora me están investigando Espondilitis anquilosante, qué nombrecitos, por la chingada.  Como dijo la María: "¡Putz, ta chulo pa' buscarle nombre a mi chiquitío!

Para no cansarles, les cuento que ahora tengo más de un mes de estar imposibilitada para trabajar y no sé cuándo podré regresar, porque mi trabajo requiere de mucho caminar, subir escaleras y hasta correr, no importando si llueve o hace calor o frío intensos, por tal de llegar a donde se necesita.  Además, los medicamentos para el dolor que me dan, tienen morfina y me narcotizan o me ponen en onda...¡que role!

Ya han probado varios tratamientos y ninguno ha respondido bien. Con decirles que hasta Quimioterapia recibí durante un mes.  ¡Extremadamente agotador!  Imposible seguir adelante. Y entonces pensé rapidito ¿qué pasará con mi Tae kwon do?

Mi internista cree que para la Fibro el ejercicio es bueno, pero al Reumatólogo no le provoca ninguna gracia que siga haciendo ejercicios fuertes, proque eso podría empeorar la AR.  Teníamos que acudir todos a nuestro profesionalismo para pensar qué era lo mejor para mí, en cuanto al ejercicio.  Para un mal es bueno, para otro no.

Refundida en mi casa, sobándome piernas, espalda y brazos,  tomando pastillas y haciéndome fisioterapia, estábamos ayudando a mi cuerpo, pero mi espíritu estaba cayendo. Entonces, como buena periodista, luego de una  investigación y reuniendo la opinión de mis médicos y mi grand máster,  llegaron a la conclusión de que puedo seguir adelante, sin brincar y sin hacer movimientos fuertes.

Si continúo con mi ejercicio moderado y si se unen todos mis bellos lectores, a mis oraciones para que un tratamiento por fin me haga efecto, yo podré regresar a mi trabajo en un mes o un poquito más.  ¡¡YO SÉ QUE PUEDO!!. Seguro pasaré mi Navidad un poco más pobre, por la falta de trabajo, pero no le hace, seguiré viendo hacia la meta de sentirme mejor.

Pueda ser que ya no pase tan fácil a los siguientes niveles en el Taekwondo, pero sigo allí, con una de mis pasiones.  Y cuando siento que ya no puedo, porque el dolor me aprieta queriéndome meter una llave traicionera, siempre algún compañero, o mi máster o mi esposo, o dentro de mí, grita una frase que me ayuda a terminar y a saber que todo se puede. Y esa frase me la aplico todos los días y cada momento: "Sólo una patada más".  

  



Aunque aquí entre nos, creo que mi esposo ha sido el más afectado, porque a veces en las noches sueño que estoy en la escuela y tras un grito de ¡Joombie!, le cae una su voladora lateral...jejeje, cómo él mismo dice, ese es el mate... ;)


pE
Así que si algún día no han visto mi saludo matutino en el Facebook, no se aflijan allí estoy, tal vez tratando de vencer la rigidez para llegar a la computadora, pero qué lindo es cuando al fin llego, ver que  algunos de ustedes, mi PATOJADA LINDA Y LLENA DE VIDA, ya ha venido a saludarme y a entregarme esa energía que a veces, me hace falta y tanto necesito.  

15 agosto 2012

¡¡ QUÉ VIVA LA VIRGEN DE LA ASUNCIÓN !!

 

















La ciudad capital de Guatemalano se queda atrás con sus curiosidades. Precisamente esta misma semana estaba un poco triste por mi Guatemala de la Asunción, porque acaba de pasar la feria de mi pueblo o de mi ciudad, pues. Por allá por el Hipódromo del Norte (zona 2) no sólamente hacen una gran feria con champas, sino también el mero 15 de Agosto a temprana hora, sale la procesión de la Virgencita a recorrer las calles del centro histórico y es todo un acontecimiento.
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Exactamente frente al Parque Morazán, señoras de algunos mercados, ofrecen una alfombra a la Patrona Capitalina, la cual está decorada de puras frutas y verduras. La intención es obvia. Antes los cargadores tenían que tener cuidado, porque en una de esas podían rodar el pie en alguna naranja o topezar con una sandía y se iban literlamente "de geta" y en ringlera. Pero parece que ahora, ya le hacen un caminito especial para que al pasar la procesión no machuquen las verduras ni las frutas y así evitar posibles accidentes. 
Es común ver a un montón de patojos y adultos que previamente se han dado cita en esa esquina, no precisamente a esperar el paso de la imagen de la Virgen, sino armados con bolsas de plástico. El alboroto se inicia cuando empieza a pasar la procesión encima de la alfombra. Apenas han caminado unos pocos pasos sobre ella y los pobres cargadores, si no se libraron de pararse en un cebollón, tienen que hacer peripecias para no caerse, porque allá van todos, como que es piñata, a recoger todo lo que pueden. 

Ay ustedes, eso sí que es chistoso. Por allí vi a uno con una vara, no precisamente para repartir ídem, sino cuidando que la gente no se le enrede en los pies a los que van cargando. Como que todo está bien planeado, porque a la fecha no se ha caído la procesión. Al menos, hasta donde yo sé. 

Pero sin duda la penitencia de pasar encima de la alfombra del mercado, es cosa aparte. Lo más lindo es que cumple dos cometidos: ofrecer las verduras y las frutas a la Virgencita y también, que todo el que pueda haga buen caldo ese día, sea o no católico.

Porque ya bien lavadito el manojón de zanahorias, hasta se puede re-vender, muchá. Es que realmente ofrecen lo mejor de su mercadería.

!Qué belleza! Se me hace una nudote en la garganta, al estar lejos de mi patria. Pero lo más lindo es que aunque haya dejado mi terruñito, mi Virgencita linda se vino conmigo, en mi vida y en mi corazón.

Saludos especialmente a mis paisanos, dentro o lejos de Guatemala, católicos o no, y a todos los que alrededor del mundo, rinden honor a la Virgen de la Asunción: Especialmente los paraguayos, Taxco en México, tantos pueblos en España y otro montón que no sé. 

!Que viva, la que llamarán bienvenaturada todas las generaciones! Y nos ayude a seguir su ejemplo de obediencia y humildad. 

“Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre.” (cf Lucas 1, 42-42-45).

14 julio 2012

A UNA SÓLA VOZ

Ya casi a  finales de mis dorados 20's, tuve un episodio del cual podría decir que fue un momento CERO, porque el curso de mi vida pudiese definirse de una manera "antes de" y "después de". Me caí de un hermoso caballo alemán que corría desbocado a toda velocidad, y me deslicé de su  elegante silla alemana, sin manzana, pero no me pregunten cómo fue, porque no me acuerdo. Lo único que sé es que caí como bolsa de papas y tuve un traumatismo craneano que me dejó varios meses sin poder valerme por sí sóla.

Debido al ecuestre acontecimiento, perdí varias cosas de mi vida, que me ayudaban a sentirme contenta, pero fue un evento que me ayudó a ser una nueva yo. Sin embargo, antes de llegar a las conclusiones que definen el modo en que uno ve la existencia, me tocó superar una terrible depresión post-traumática.

Durante ese tiempo, empezaron a ponerse de moda las radios cristianas en Guatemala.  Escuchar música de alabanza y  baladas de adoración por una emisora radial, era toda una novedad, hasta para los católicos que como yo, estábamos acostumbrados a escuchar por la radio, únicamente la misa, el Santo Rosario y otros actos litúrgicos.  

Lo bueno de todo esto era que la música cristiana no tenía una denominación específica y nos llegaba al corazón a los jóvenes que queríamos tener una participación más activa con Dios y tenerlo a él, más dentro de nuestras actividades diarias, por qué no, escuchando música cantada por jóvenes, en ritmos de moda y bellas voces.

Recuerdo que estando aún en mi lecho de enferma, empezó a sonar mucho  una canción que puedo asegurar me ayudó a salir adelante, su letra y las extraordinarias voces que la interpretaban, me hicieron sentir lo que yo necesitaba en ese momento:  Valor.  

Sí, era una canción interpretada por un grupo llamado "One Voice", junto a la voz de Renán Carías, su nombre: "Hombres de Valor".  Como decía un mi profesor de secundaria: "y cuando el texto dice "hombres", se refiere, también a las mujeres, o sea a toda la humanidad". 

Tanto me ayudó esa canción, que me dieron ganas de vivir y seguir adelante en mi camino, aún cuando el mundo se me había puesto como de cabeza, me hizo recordar que yo tenía una misión en este mundo y nada, ni nadie me iba a detener en mi lucha, si ponía la mirada en mi Salvador.  Entonces, me puse de pié y dije "Presente".

Aún con algunas dolencias, retomé la ruta de mi profesión y con una visión renovada, seguí haciendo lo que mejor sabía hacer.  El grupo One Voice, se había vuelto tan popular en latinoamérica que casualmente, en esos mismos días, anunciaron su presentación en Guatemala.   

El fenómeno de las radios cristianas, transmitiendo programaciones con pura música para Dios, fue un tema atractivo para el programa de televisión internacional para el cual yo trabajaba.  Aceptaron mi propuesta, que con tanta fe, les había presentado y pidieron hacer, lo que se conoce en TV, como un VO (una noticia narrada con imágenes, sin entrevistas) de ese Show.

Me puse en contacto con los organizadores y cuando les dije la cadena a  la cual yo representaba, se sintieron muy halagados y honrados, según me hicieron saber con gran humildad.  No se imaginaban que la que sentía sumamente emocionada y honrada de estar presente en ese Evento, era precisamente yo.

Recuerdo que se presentaron en el Centro de Convenciones de Tikal Futura.  Cuando entré a dicho lugar, me sorprendió ver que estaba completamente lleno y con  pura juventud.  Cuál fue mi sorpresa, que el asiento destinado para mí, era en ¡¡Primerísima Fila!!.  La emoción me embargaba, pero lo mejor fue cuando empezó todo.  Era maravilloso ver  a tantos jóvenes que no hacíamos distinción entre católicos y prostestantes, todos cantábamos a una sola voz, a un sólo Dios.

Podría decir que eso fue apoteósico, y cuando cantaron "Hombres de Valor", ese lugar parecía reventar de gozo.  Creo que Jesusito, con sus Santos y sus Ángeles bajaron a cantar con nosotros, porque esas voces traspasaron lo físico.

Cantaron "Paz en la Tormenta", "Somos Tu Pueblo", "Que caigan las barreras", "Vivifícame" ...en fin, le dieron vuelta como a 5 álbums de increíble música de adoración y alabanza, que llenaba el corazón de cada uno de nosotros. Y estoy segura, llegó al corazón de Jesús.

Antes de terminar su show,  yo quería escuchar de nuevo, la canción que había sido tan importante en mi recuperación, pero no sabía cómo hacer para que la volvieran a cantar.  En eso pasó uno de los organizadores y me atreví a que les pidiera en mi nombre, que cantaran de nuevo "Hombres de Valor", sin pensarlo dos veces, cerraron aquella hermosísima noche, precisamente con esa canción.   El centro de convenciones, entonces, creo que no tenía más cabida para el mar de voces jóvenes cantando.

Al terminar,  todos  los integrantes de esa gran agrupación, que nunca olvido "One Voice", quisieron agradecernos a  mí y a mi querido camarógrafo, el haber estado allí.  Era yo la que les agradecía.  Me regalaron todos sus CDs, maravillosos.  

Escuché cada uno de los CDs, y con el tiempo se fueron desapareciendo de mi carro y de mi sala. Nunca me enojé por eso, porque creo que si alguien se los llevaba, era porque tenía necesidad de Dios.  Yo, de todos modos, llevo siempre esas melodías, ese gran show y el maravilloso grupo One Voice, en mi mente y corazón.  De veras, que hombres de valor, necesita Dios.

Si alguien de los que me hacen el favor de leer estas mis Babosadas, estuvo allí, ahora sabrá por qué aquella noche de tantas bendiciones, One Voice cantó dos veces la maravillosa canción de "Hombres de Valor".


Tenía que ser La Chachi.

Cristianos somos todos los que hemos aceptado a Cristo en nuestro Corazón, como nuestro único Señor y Salvador, no importa si somos católicos (como yo), evangélicos, mormones, adventistas, etc. Si Dios no hace distinciones, ¿por qué las vamos a hacer nosotros? Lo que Él quiere es que seamos hombre y mujeres de valor, que cumplamos promesas y sigamos la ruta trazada con la mirada en nuestro Salvador. 

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06 abril 2012

LA RESPUESTA ESTÁ EN LO QUE SIENTA TU CORAZÓN

Ese día me desperté temprano, como todos los que permanecí en Turín. No sé cómo había olvidado por completo que era precisamente en esa ciudad donde podía verla de cerca y, a lo mejor con suerte, podría contemplar la original.

Me rasqué la cabeza, pero al mismo tiempo di mil gracias a Dios por habérmelo recordado a sólamente 2 días antes de mi partida. Sentía que las piernas no me alcanzaban para caminar hasta la Catedral de San Juan Bautista. Para estar segura, cada 2 cuadras, preguntaba a cualquier traúnseunte y todos, me apuntaban con el dedo hacia la misma torre. Buscaba la suntuosidad de las catedrales europeas, pero al llegar a la Piazza, me encontré con una iglesita. Entendí que esta construcción del siglo XIII, posee una capilla, que es la que resguarda el misterio mas grande del cristianismo: La Sábana Santa.

Aún no podía creer mi suerte. Aún no podía creer que pude haberme ido de la ciudad sin verla. Sólo imagino que de haber sido así, siempre lo hubiese lamentado.

Subiendo las 10 gradas hacia el atrio de la capilla, recordé de repente, uno de mis primeros reportajes para la televisión en 1994, que fue acerca de un rostro de Jesús que apareció en el altar mayor de la iglesia en la aldea Bola de Oro, en Chimaltenango, Guatemala. ¿Sería entonces, una especia de predicción a este sueño hecho realidad?. No lo sé.

Entré a la capilla de la Santa Síndone, que un tanto sombría, alberga unas cuantas imágenes. Al fondo, no muy lejos vi el lienzo y sentí una gran emoción. Nunca imaginé que podía estar allí, de frente, tan cerca, tan sola.

Una suave música de clavicordio resonaba en las paredes de aquella antigua capilla y unos cuantos turistas, 3 ó 4 tal vez, merodeaban el recinto. Unos, un poco curiosos, otros aún mas indiferentes. Llegué hasta el lugar donde estaba expuesta. No sabía si hincarme u observarla. Vi esa especie de altar con cortinajes morados y, frente a ella, un hombre de mediana edad, de barba rubia y profundos ojos azules me sonrió. Di dove sei? Me preguntó en italiano, pero al saber mi procedencia siguió hablando en español. Supe que hablaba muchos idiomas. Detrás de mí llegó una chica inglesa, que al igual que yo dijo ser periodista.

Nos dio la bienvenida a las dos y me preguntó si acaso no me importaba que diera la explicación sobre “El Manto” en inglés, para no repetirlo. Accedí.

Con dulce voz, nos habló sobre la naturaleza del lienzo, la tela, y su posible edad. Luego, nos llevó por un viaje imaginario hacia los primeros datos que se encontraron en la historia, tal como la Imagen de Edesa. Nos trasladó a la Constantinopla del año 944, donde en un sermón escrito, se volvió a saber de la existencia de un manto que pudiera haber sido la mortaja de Jesucristo.
Mencionó algo sobre la imagen de un manuscrito húngaro del siglo X.
Acompañamos a la Sábana Santa remontándonos a las cruzadas. Llegamos a Atenas, luego a Francia donde fue vendida, alguna vez a Luis de Saboya, para recuperar un castillo. Atavesó varias ciudades europeas, para terminar al último en Turín en el siglo XIV, tras haber corrido el peligro de quemarse en Francia y donde se impregnó de esas marcas grandes que se aprecian en el manto, al caerle plata caliente. Pero no fue hasta hace poco, en 1983, cuando la Sábana Santa que por siglos había sido propiedad de la Casa de Saboya , fue cedida al Vaticano.
Ha sido estudiada e investigada a través de los años por los mejores historiadores y científicos contemporáneos y su procedencia, la forma en que fue impregnado el cuerpo en la tela y, si realmente es la sábana donde José de Arimatea enviolvió al Señor, aún no se ha logrado establecer. Los fieles le han atribuido propiedades milagrosas, especialmente de sanación y es considerada la Reliquia más antigua de la Iglesia Católica.
Al final de la explicación, la periodista inglesa dio las gracias y se fue. Yo me quede allí, hipnotizada por la imagen, tomé un par de fotos y absorta por las posibilidades e inundada de dudas humanas, volvi mi mirada a su cuidador y le pregunté: - Si, la iglesia católica aún no tiene una prueba exacta de que ésta sea verdaderamente la mortaja de Cristo, ¿por qué la exhibe dentro de la capilla como objeto de veneración?

Tornándose aún más dulce, depositó su mirada en mis ojos y me dijo: Puedo pasar días hablándote del lado científico de la Santa Síndone. Desde el negativo del fotógrafo Secondo Pia, hasta el análisis de DATACIÓN POR CARBONO-14. Podemos hablar de pruebas hechas por la misma NASA y el desarrollo computarizado de un rostro tridimensional, basado en El Manto. Incluso te puedo hablar de que se cree que es una farsa creada por Leonardo Da Vinci, porque hay quienes aseguran que es su autorretrato y fruto de su mente brillante e investigativa.
Sin embargo, te invito a que te quedes de nuevo sola frente a la Santa Síndone, porque todas las respuestas no las vas a encontrar en los libros ni en las investigaciones. La respuesta está en lo que sienta tu corazón.
Entonces sí me hinqué a observar El Manto. Aprecié a un hombre de cuerpo bellísimo, de suave semblante, de manos, pies y costado traspasados. Un hombre coronado de espinas y en cuya espalda se aprecian las marcas de más de 100 latigazos. Sentí una energía desconocida, que no puedo aún describir. No supe cuánto tiempo permanecí en la capilla. Quería quedarme para siempre.
Me levanté y en la puerta, compré una réplica del Santo Sudario. Volví la mirada hacia adentro de la capilla y como por arte de magia, me apareció un sacerdote viejecito, sentado en un confesionario. Me acerqué hacia él con mi "sabanita". Me vió con gran ternura y, con sus manos temblorosas, tomó la réplica y la bendijo. Entre su oración, entendí algo así como salud de los enfermos.
Salí de allí con mi pequeño y personal Santo Sudario de Turín, un recuerdo sencillo de mi visita...Pero también traje conmigo, la joya más grande que pude encontrar: la respuesta de mi corazón..

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Comprendo por qué El Papa Juan Pablo II, definió a la Sábana Santa como una "provocación para la inteligencia".


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Fotografie ufficiali della Santa Sindone : http://members.fortunecity.es/kaildoc/sudario/sudarioturin.htm

SI HACEN CLICK EN LA FOTO DE LA SABANA SANTA, EN TRES SEGUNDOS PODRÁN VER EL NEGATIVO.

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23 diciembre 2011

CHITO, EL MAPACHE QUE ENCONTRÓ LA NAVIDAD (Segunda Parte)

Lo primero que Chucho le advirtió fue tener cuidado con los automóviles.  Le comentó que cuando estaban parados, tenían unas ruedas negras muy útiles para ir al baño, y que cuando pasaban despacio frente a su casa, también le daban ganas de perseguirlos, pero eran muy veloces y que en las grandes ciudades había muchos llenos de luces y ruidos.  
 Lo más difícil fue atravesar las carreteras. Chucho también le comentó que muchos perros, bandidos (mapaches)  y otros animales morían en su intento por pasar las calles, pero sólo había que aprender a atravesarse.  
 

Caminaban  hacia la gran ciudad, escapándose de los automóviles y sus mortales llantas, Chito se moría de miedo, pero la ilusión por conocer la Navidad, lo hacía levantar el ánimo. Y librando la batalla de las carreteras, lograron llegar a la gran ciudad.  Estaba sumamente anonadado ante tantas luces  y alegría.  La gente caminaba por todos lados.  Emocionado por encontrar lo que buscaba entre tanta luz, pregunto a  Chucho.

-Y dónde está la Navidad?

- Navidad, allí - le respondío el perrito, señalándole las vitrinas de las tiendas. Navidad, comprar, comprar y comprar.

Curioso por ver de cerca de lo que se trataba la Navidad, Chito pegaba su naricita al vidrio de las vitrinas y observaba a la gente, haciendo grandes colas para pagar artículos, que luego envolvían en regalos.  

Distraídos estaban viendo a tanta gente alrededor, cuando un hombre armado con una escoba, les dio a ambos tremendo escobazo, mientras las mujeres gritaban y salían corriendo.  Antes de recibir el segundo golpazo, se dieron a la fuga...

Chito sentía en su corazón, una tremenda decepción.  No podía creer que la Navidad era eso: Correr, comprar y vender.  Eso era demasiado frío.  Y aún cuando las luces y los adornos de la gran ciudad se veían hermosos, dentro de su alma, él creía que algo o alguien mucho más grande había detrás de todo eso. Que la Navidad era un acontecimiento para el mundo entero y que tenía que significar algo más que lo que estaba viendo a su alrededor.  Había olvidado el nombre que el Abeto le había dicho en el bosque, pero sabía que podía encontrarlo.

Chucho se miraba muy contento paseado por New York City y al llegar a Central Park le dieron ganas de hacer pipi, por lo que se detuvieron en la esquina de la estatua de un hermoso caballo que estaba parado en un enorme pedestal.  Montado en él, lucía un señor muy elegante, un poco circunspecto y rígido.

- ¡Hey, sinvergüenza, no orines mi pedestal!-  le gritó el señor a Chucho.   Avergonzados, se disculparon con aquel elegante personaje, quien les dijo llamarse Simón Bolivar, les comentó que ya estaba acostumbrado que los perros hicieron su parada por alli.

¿Qué los trae por acá, especialmente a ese valiente mapache, que no tiene miedo de salir del parque y revolverse entre la gente? - les preguntó.

- Busco la Navidad - le contó Chito. Vengo desde muy lejos buscándola.  Chucho me dice que la Navidad es todo esto que veo, pero dentro de mí, hay algo que me dice que no, que la Navidad es más que lo que veo ahora.

- Tienes razón - , le dijo don Simón.  Desde aquí sentado en mi caballo, he visto muchas cosas.  Y cada año, por estas fechas, sale una estrella en lo alto del cielo.  Mis antepasados me contaban que tres magos hace muchos años, también como tú, buscaban la razón de la Navidad, y la encontraron siguiendo la estrella.   Estoy seguro que en esa luz, puedes encontrar las respuestas que andas buscando mi querido y valiente  amiguito.

Aún en medio de las luces de la gran ciudad,  Chito alcanzó a ver a la estrella de oriente y decidió seguirla.  Acompañado de su nuevo amigo Chucho, dieron las gracias a don Simón, quien elegantemente sentado en su caballo de bronce, les dijo adiós deseándoles buena suerte.  

Emprendieron otra vez el camino, hasta afuera de la gran ciudad.  Juntos, atravesaron de nuevo enormes puentes llenos de autos, varios bosques y por las noches cada vez, lograban ver mejor aquel hermoso lucero que alumbraba su sendero.

En los bosques de pinos y cipreses, encontraban nuevos amigos: muchos más mapachitos, sarihuellitas, puercoespines y muchas ardillas. Además una infinidad de patos y pajaritos, que les enseñaban el camino hacia el oriente.  Muchos de ellos, cuando sabían la misión de Chito, se unían en su búsqueda de la Navidad.

Era mucho lo que habían recorrido ya, pasando lagos y bosques tupidos. Algunas veces, poniendo en riesgo la vida, al tener que atravesar carreteras llenas de carros peligrosos.  Y no lograban encontrar la Navidad.

Chito, se sentía muy cansado, pero seguía adelante. Una madrugada, entre su cansancio no escuchó la voz de Chucho que le gritó ¡Cuidado! y cuando sintío sólo vio una enorme luz, que venía hacía él y lo cegó por completo.  Luego, de un sólo golpe, calló del otro lado de la carretera.  Un automóvil lo había atropellado.

Chucho y sus otros amiguitos, se acercaron a verlo muy triste, sabiendo que de esos accidentes, casi ningún animalito se salvaba.  Chito sentía mucho dolor y no podía levantarse. Y su gran amigo Chucho, lloraba amargamente.  Entre todos, lo metieron al bosque, pero nada pudieron hacer, Chito agonizaba lleno de golpes por todos lados.

Pero el hermoso mapachito, sabía que no había venido desde tan lejos, a morir en medio de una carretera, que su misión era encontrar la Navidad y eso iba a hacer.  Miró al cielo, hacia esa estrella que brillaba en lo alto y le dijo:  “Estrellita, quiero conocer el verdadero sentido de la Navidad, quiero saber a dónde alumbras, o cuál es el sentido de tu luz”.

Desde no muy lejos, una voz dulce y cálida pronunció su nombre:  “¡Chiiiiito, Chiiiiito!, mi  hijo valiente y lleno de fe...”, le decía aquella voz tan hermosa, al mismo tiempo que se llenaba el bosque entero de un suave aroma a rosas.  “Ven a acá, Chito, ven con nosotros”.

Chito empezó a moverse con gran dificultad, y ante el asombro de sus amigos, como pudo se levantó y casi arrastradito siguió caminando hacia el oriente.  Ellos querían ayudarlo, pero estaban un poco asustados, porque los ojos de Chito estaban brillantes como la luz de la estrella.  

El mapachito caminaba despacio, pero seguro y tras unos matorrales vio una imagen maravillosa: Era la imagen de Nuestra Señora de la Isla.   Sí, había llegado al Santuario de la Virgen de Long Island, quien con el niño Jesús en brazos, le daba la bienvenida a los pies de su misma imagen.  Vestida de luz y llena de estrellas lo miraba dulcemente.

Ven Chito, le dijo la gran señora, quiero presentarte a mi hijo. Él es el Dios de toda criatura sobre la tierra y del universo entero, y una noche como ésta, vino a salvar a la humanidad.  Siendo Dios, se hizo hombre y nació de mí...y habitó entre nosotros. Se llama Jesucristo y él es la Navidad.

Chito vio hacia arriba y el niño con sus bracitos abiertos le sonrió con gran alegría.  En ese mismo instante, todas sus heridas fueron sanadas y se sintió lleno de vida otra vez...y con un gran gozo en su corazón. Recordó que ése era precisamente el nombre que Beto, el árbol, le había mencionado.

“Tu fe te ha traído hasta aquí, y esa misma fe, te ha salvado”, le dijo la santísima Señora, quien llena de luz y con el niño en brazos, regresó al cielo dejándoles un gran resplandor, que parecía haber transformado la noche en día.

Los animalitos junto a Chucho y Chito, hicieron una gran fiesta, cantaron y bailaron a los pies de la imagen de la Señora y del Niño Dios.  Aquél hermoso y valiente mapache que recorrió bosques enormes, atravesó puentes magestuosos, ríos caudalosos, extensos lagos y se libró del bullicio de la gran ciudad, no sólo encontró a muchos amigos en su camino, sino siguiendo la estrella de oriente, llegó a encontrar a Jesús, quien le devolvió la salud y la vida...Aún después de tantos años, como los tres reyes magos, siguió la luz de su fe y encontró a Jesús.  Encontró de nuevo, el verdadero motivo de la Navidad. 






Fotos.
New York: susanfales-hill.com
Nuestra Señora de Long Island: 
http://ourladyoftheisland.sitetorch.com/Home/Welcome/tabid/115/Default.aspx